
En los últimos años, la sostenibilidad se ha convertido en la palabra de moda en el mercado inmobiliario de Baja California Sur. Frases como «proyecto sustentable», «desarrollo ecológico» o «vivienda con conciencia ambiental» se repiten en renders, campañas de marketing y ferias de inversión como si fueran sinónimo de responsabilidad ambiental. Pero la pregunta que empieza a inquietar a más de un analista es directa: ¿estamos frente a un verdadero cambio de paradigma o ante una operación de maquillaje verde?
En teoría, la región de Los Cabos —con su riqueza natural, estrés hídrico permanente y creciente presión turística— debería ser un laboratorio ejemplar para el desarrollo inmobiliario sostenible. Sin embargo, la práctica muestra otra cara. De los más de 60 proyectos nuevos registrados entre 2022 y 2024 en el corredor turístico San José–Cabo San Lucas, menos del 15% cuenta con certificaciones internacionales reales como LEED, EDGE o WELL, según datos del Consejo Mexicano de Edificación Sustentable.
Muchos desarrollos utilizan el discurso verde para encubrir prácticas altamente cuestionables: construcción en zonas de alto valor ecológico, uso intensivo de materiales convencionales, y poca o nula integración de energías limpias en la operación diaria de los inmuebles. Un caso reciente, ampliamente criticado por organizaciones locales, fue el de un complejo residencial que presume eficiencia energética pero utiliza concreto convencional, sin sistemas solares y con un diseño que ignora completamente la ventilación cruzada.
Lo más alarmante es que no existe en el estado un marco normativo robusto que obligue a los desarrolladores a transparentar el verdadero impacto ambiental de sus obras. Sin regulación, el greenwashing se vuelve rentable.
Es hora de que inversionistas, arquitectos, compradores y autoridades se pregunten con seriedad: ¿qué significa realmente «sustentable»? Y más importante aún: ¿estamos dispuestos a pagar el precio real por una sostenibilidad auténtica?
Porque si seguimos premiando el discurso por encima de las acciones, Baja California Sur corre el riesgo de vender una utopía verde mientras compromete irreversiblemente sus recursos más valiosos.
Fake Sustainability
In recent years, sustainability has become the buzzword in Baja California Sur’s real estate market. Phrases like “sustainable project,” “eco-friendly development,” or “environmentally conscious housing” are repeated across renders, marketing campaigns, and investment expos as if they were synonymous with true environmental responsibility. But the question that’s beginning to trouble analysts is blunt: are we witnessing a real paradigm shift or just a greenwashed façade?
In theory, the Los Cabos region —with its rich natural assets, constant water stress, and growing tourism pressure— should be a prime example of sustainable real estate development. However, reality tells a different story. Of the more than 60 new projects registered between 2022 and 2024 along the San José–Cabo San Lucas tourist corridor, less than 15% are backed by internationally recognized certifications such as LEED, EDGE, or WELL, according to the Mexican Council for Sustainable Building.
Many developments use green rhetoric to mask highly questionable practices: construction in ecologically sensitive areas, heavy use of conventional materials, and little to no integration of clean energy in the daily operation of the properties. A recent case, widely criticized by local organizations, involved a residential complex that claimed energy efficiency but relied on conventional concrete, lacked solar systems, and was designed without any consideration for natural ventilation.
The most alarming part? Baja California Sur still lacks a strong regulatory framework that forces developers to disclose the true environmental impact of their projects. Without regulation, greenwashing becomes a profitable strategy.
It’s time for investors, architects, buyers, and public officials to ask themselves seriously: what does “sustainable” really mean? And more importantly: are we willing to pay the true price for genuine sustainability?
Because if we keep rewarding words over actions, Baja California Sur risks selling a green utopia —while irreversibly compromising its most valuable natural assets.


