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Se acaban los maestros de obra

21 de septiembre de 2026
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Se acaban los maestros de obra


Un oficio no se pierde de golpe. Se pierde el día en que nadie lo hereda. Y en la construcción mexicana ese día no es una amenaza lejana: ya empezó, y los números lo dicen con una claridad incómoda.

Según la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, el sector emplea alrededor de 1.8 millones de albañiles y trabajadores de la construcción en el país, y ya enfrenta un déficit cercano al 20% de personal calificado en algunos segmentos. Pero el dato que a mí más me pesa es otro: más del 91% de esos trabajadores está en la informalidad, y la escolaridad promedio del sector es de 7.5 años, apenas el primer año de secundaria.

Ahí está la explicación completa. Un oficio que no vive en ninguna aula se transmite de maestro a ayudante, en obra y a pulso. Esa cadena funciona mientras el maestro tenga tiempo de enseñar y el ayudante razones para quedarse. Cuando el ritmo aprieta o el sueldo no alcanza, la cadena se rompe, y con ella se va el conocimiento que nadie escribió: cómo se aploma un muro sin láser, cómo se lee una grieta, cómo se resuelve un encuentro que en el plano venía mal.

En un destino turístico el problema tiene otra vuelta. La hotelería y la restaurantería compiten por la misma persona, y compiten bien: ofrecen horario fijo, uniforme, propinas y prestaciones. Yo pienso que la construcción perdió esa competencia hace años y todavía no se da por enterada.

Desde mi punto de vista, aquí hay una contradicción que como industria no hemos querido mirar de frente. Vendemos acabados de residencia de marca, con detalles que exigen oficio fino, y los ejecutamos con una fuerza laboral que en su mayoría aprendió mirando y trabaja sin contrato. Después nos sorprende el retrabajo.

Y el reloj corre. Hay un déficit habitacional nacional del orden de 8.9 millones de viviendas, y en este municipio se comprometieron miles de casas nuevas. Alguien tiene que construirlas, y no van a aparecer de un país vecino.

Yo opino que la capacitación dejó de ser un tema de responsabilidad social para volverse un insumo, igual que el cemento. Certificar oficios, pagar por competencia y no por jornada, y formalizar al que ya sabe hacerlo, cuesta. Pero cuesta menos que quedarse sin quien sepa hacerlo.

La pregunta no es quién va a construir el Cabo San Lucas de 2035. Es quién lo está enseñando hoy.

We Are Running Out of Master Builders


A trade does not disappear all at once. It disappears the day no one inherits it. And in Mexican construction that day is not a distant threat. It has already started, and the numbers say so with uncomfortable clarity.

According to the Mexican Chamber of the Construction Industry, the sector employs around 1.8 million bricklayers and construction workers nationwide, and already faces a shortage of close to 20% in skilled personnel in some segments. But the figure that weighs most on me is a different one: more than 91% of those workers are informal, and the sector’s average schooling is 7.5 years, barely the first year of secondary school.

That is the whole explanation. A trade that lives in no classroom passes from master to helper, on site and by hand. That chain works as long as the master has time to teach and the helper has reasons to stay. When the pace tightens or the wage falls short, the chain breaks, and with it goes the knowledge no one wrote down: how to plumb a wall without a laser, how to read a crack, how to resolve a junction the drawing got wrong.

In a tourism destination the problem has another turn. Hotels and restaurants compete for the same person, and they compete well: fixed hours, a uniform, tips and benefits. I think construction lost that competition years ago and still has not noticed.

From my point of view, there is a contradiction our industry has not wanted to face. We sell branded-residence finishes, with details that demand refined craft, and we execute them with a workforce that mostly learned by watching and works without a contract. Then the rework surprises us.

And the clock is running. Mexico carries a national housing deficit on the order of 8.9 million homes, and thousands of new houses have been committed in this municipality alone. Someone has to build them, and they are not going to appear from a neighboring country.

I think training stopped being a matter of social responsibility and became an input, exactly like cement. Certifying trades, paying for competence rather than for hours, and formalizing the people who already know how, all cost money. But less than running out of people who know how.

The question is not who will build the Cabo San Lucas of 2035. It is who is teaching them today.

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