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Cada llave cuesta agua

septiembre 7, 2026
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Cada llave cuesta agua


Cuando entregamos un proyecto y alguien abre una llave por primera vez, ese momento se ve como un final. Yo lo veo como un principio: acaba de nacer una demanda que va a durar lo que dure el edificio.

Aquí eso no es un detalle. Cabo San Lucas no se abastece de un río ni de una presa: depende del subsuelo y del mar. Y la planta desaladora que hoy opera arrastra un déficit de 70 litros por segundo frente a lo que la ciudad necesita. La segunda planta, de 250 litros por segundo, sigue en construcción, y debió estar operando desde 2020. Cinco años de retraso, en una ciudad que en ese mismo periodo no dejó de crecer un solo mes.

Vale la pena traducir ese número. Doscientos cincuenta litros por segundo son 21,600 metros cúbicos diarios. Suena a muchísimo. Y lo es. Pero es una cifra fija: no crece sola, y cada unidad nueva que se conecta le resta a esa misma bolsa.

Hay otro dato que casi nunca aparece en la conversación: desalar cuesta energía. Los sistemas modernos de ósmosis inversa para agua de mar consumen del orden de 3 a 4 kilowatt-hora por metro cúbico producido. Dicho de otro modo, aquí el agua potable no es un recurso natural que llega solo. Es electricidad convertida en agua. Cada metro cúbico que no se consume es también energía que no se gasta y una emisión que no se genera.

Yo pienso que ahí está el punto ciego de nuestra industria. Llevamos años discutiendo el lado de la oferta, que son las plantas, y muy poco el lado de la demanda, que es el proyecto. Y la demanda se decide en la mesa de diseño: muebles y grifería de bajo consumo, doble red hidráulica para reutilizar aguas grises, tratamiento en sitio para riego, paisajismo con vegetación de esta península en lugar de jardines importados que solo sobreviven a manguerazos. Ninguna de esas decisiones se puede tomar cuando el edificio ya está hecho.

Desde mi punto de vista, la ecotecnología dejó de ser un discurso ambiental y se volvió un asunto de viabilidad. En un destino con estrés hídrico documentado, el metro cúbico más barato, más limpio y más rápido de conseguir siempre va a ser el que no se consume.

Así que la pregunta no es si va a alcanzar el agua. Es quién la va a pagar, y con qué se va a pagar.

Every New Tap Costs Water


When we hand over a project and someone opens a tap for the first time, that moment looks like an ending. I see it as a beginning: a demand has just been born, and it will last as long as the building does.

Here that is not a detail. Cabo San Lucas is not supplied by a river or a reservoir. It depends on the subsoil and on the sea. And the desalination plant operating today carries a deficit of 70 liters per second against what the city needs. The second plant, rated at 250 liters per second, is still under construction, and it should have been running since 2020. Five years behind, in a city that did not stop growing for a single month in that time.

That number is worth translating. Two hundred fifty liters per second is 21,600 cubic meters a day. It sounds enormous, and it is. But it is a fixed figure: it does not grow on its own, and every new unit that connects draws from that same pool.

There is another figure that rarely enters the conversation: desalination costs energy. Modern seawater reverse osmosis systems consume on the order of 3 to 4 kilowatt-hours per cubic meter produced. Put another way, drinking water here is not a natural resource that simply arrives. It is electricity turned into water. Every cubic meter not consumed is also energy not spent and an emission not generated.

I think that is our industry’s blind spot. We have spent years debating the supply side, which is the plants, and very little the demand side, which is the project. And demand is decided at the drawing board: low-consumption fixtures and fittings, dual plumbing to reuse greywater, on-site treatment for irrigation, landscaping with vegetation from this peninsula instead of imported gardens that survive only on a hose. None of those decisions can be made once the building is finished.

From my point of view, ecotechnology has stopped being an environmental talking point and become a question of viability. In a destination with documented water stress, the cheapest, cleanest and fastest cubic meter to obtain will always be the one that is never consumed.

So the question is not whether there will be enough water. It is who is going to pay for it, and with what.

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